Rey Proenza - Me entrego por completo

Lo admito, me he acostumbrado a lo fácil, a lo cómodo, a lo que sé hacer con los ojos cerrados, a lo que sé funcionará sin mayor empeño o sacrificio de mi parte.

 Soy culpable de malgastar el tiempo. He derramado minutos y horas en empresas que jamás podré recuperar. He jugado a creer que siempre habrá un momento, otra oportunidad para hacer las cosas que amo y que lógicamente hoy no será porque estoy demasiado ocupado contando las esponjosas nubes de mi comodidad. He caído en la trampa de creer que el reloj es mi amigo, de que mañana habrá una ocasión o un momento más conveniente para desafiarme a mí mismo. Soy irrebatiblemente  culpable y lo admito. 

He probado lo fácil y he gustado de su sabor, su envoltura es irresistible. Dar poco, de lo que me sobra y recibir a cambio admiración y cariño. Miserable de mí, miserable de mí… He caído en mi propia trampa. 

Como dice la canción,   


Tu voz me llama a las aguas,
donde mis pies pueden fallar. 
Ahí te encuentro en lo incierto. 
Caminaré sobre el mar.  

 

Cada palabra de esta estrofa sacude el árbol de mi comodidad y estrepitosamente caen al suelo las pocas justificaciones que me quedan. Las he comido una tras otra durante los años que he andado sobre la barca que cruza el lago. Ya no tengo más para alimentar mis miedos. Cuando el agua se calme, la voz del que me llama se apague en la noche y este viejo bote de madera se acerque a la otra orilla, habré perdido mi momentum, mi única oportunidad de desafiar lo imposible, de desafiarme a mí mismo. He llegado a un punto de no retorno. Es ahora o nunca. 

Todo está en juego, el edificio de mi vida tiembla ante lo incierto. Jamás pensé que algo pudiera significar tanto para mí, al punto de alejarme de mi seguridad, de la multitud y querer ser, por primera vez en mi vida, la definición perfecta de lo ilógico, de lo que nadie en su sano juicio ni siquiera tomaría en cuenta. 

He escuchado Su voz que me llama, el tiempo se acaba, ya no tengo más pretextos y estoy harto de lo que ya sé. Detrás de esa ola que se acerca, desafiante, lista para devorarme, sé que me espera la mano fuerte de mi Maestro.

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